La inmensa mayoría de las páginas web que visitas, los videos que consumes y los juegos en los que participas no viajan por el aire, sino a través de cables de fibra óptica en el fondo del océano. Históricamente, Chile ha dependido de conexiones submarinas que suben por el Pacífico hacia Estados Unidos. Pero en 2026, el mapa de conectividad global cambia para siempre con el avance del Cable Humboldt.

Un puente directo al Asia-Pacífico Este megaproyecto, impulsado por el Estado chileno en conjunto con Google, es el primer cable submarino de fibra óptica que conecta directamente América del Sur con Oceanía y Asia (uniendo Valparaíso con Sídney, Australia). Son más de 14.800 kilómetros de tecnología de punta reposando en el lecho marino.

¿Cómo beneficia esto al usuario común?

  1. Reducción brutal de la latencia: Hasta hace poco, si un desarrollador chileno o un gamer se conectaba a un servidor en Japón o Australia, los datos debían viajar primero a California, cruzar el Pacífico norte y luego bajar a Asia, generando un “ping” altísimo (sobre 250ms). Con el Cable Humboldt, el viaje es directo, reduciendo la latencia a la mitad.
  2. Independencia digital: Al no depender exclusivamente de las rutas hacia Norteamérica, el internet chileno se vuelve mucho más resiliente. Si un huracán o un evento sísmico daña los cables del hemisferio norte, Chile ahora tiene una “puerta trasera” de alta velocidad hacia el otro lado del mundo para mantener al país conectado.
  3. Atracción de inversión: Este nivel de infraestructura es la razón principal por la que los gigantes tecnológicos siguen instalando sus Datacenters en suelo nacional, consolidando a Chile como el gran puerto digital de Sudamérica.

Por internet

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