El Gran Santiago enfrenta desafíos de movilidad urbana cada vez más complejos debido al crecimiento del parque automotriz. Las programaciones fijas de los semáforos —que cambian de luz basándose en estimaciones horarias estáticas— resultan obsoletas ante la volatilidad del tránsito moderno. Por ello, la Unidad de Control de Tránsito (UOCT) ha acelerado la implementación de sistemas de Gestión Dinámica de Flujos asistidos por Inteligencia Artificial.
A través de la red de cámaras de televigilancia existentes y nuevos sensores ópticos instalados en las principales arterias de la capital (como la Alameda, Providencia, Américo Vespucio y los accesos periféricos), algoritmos de visión computacional analizan la congestión en tiempo real. El sistema ya no depende de que un operador humano modifique los tiempos manualmente desde una central; la IA cuenta los vehículos por pista, detecta accidentes, buses del transporte público detenidos o bloqueos de intersecciones, reajustando la sincronización de las luces verdes y rojas de forma automatizada en milisegundos.
Esta optimización del tráfico basada en datos crudos busca crear las llamadas “olas verdes” adaptativas, reduciendo los tiempos de viaje en hora punta hasta en un 15% y mitigando las emisiones contaminantes por ralentización. El gran desafío de esta infraestructura de Smart City radica en la resiliencia de la red de fibra óptica municipal que conecta cada cruce semafórico, la cual debe operar con latencia mínima y la máxima seguridad contra ciberataques perimetrales que puedan alterar el orden vial de la ciudad.
